jueves 7 de julio de 2011

Una flor esperando.

Nadie recuerda ya la última vez que el viejo teatro abría sus puertas al público, cerró hace veinte años porque a nadie interesaba ya asistir a una obra teatral. Pero una compañía de jóvenes actores decidió reabrirlo, acondicionarlo y actuar en su maravillosa escena.


El Ayuntamiento les cedió la gestión y les proporcionó las llaves para empezar a limpiarlo y acondicionarlo. Abrieron las puertas que sonaron a óxido y tiempo, caminaron hasta la escalinata, aun alfombrada, raída, y se sorprendieron de lo que de pronto observaron.

A media altura de la escalera una rosa fresca, ausente del paso del tiempo, perdida o dejada por un admirador o admiradora de antiguos actores o actrices, una rosa esperando a su dueño, aquel al que fue regalada.

Y los jóvenes limpiaron el teatro de arriba abajo, lo dejaron nuevo, pero hay quedó el misterio, hay dejaron la alfombra raída y la rosa esperando, la dejaron para su dueño o dueña, para que si algún día volvía la recogiera.

Llegó el día del estreno de la obra y el teatro se llenó de gente,  todos subían por la escalera preguntándose por la extraña rosa, pero respetándola, sin pisarla, rodeándola. La obra fue un éxito, diez minutos de aplausos en pie, y al final el público saliendo, bajando por la escalera donde ya no había misterio, donde ya no estaba la flor. ¿Quién sabe si se la llevó el teatro? ¿O una actriz de las de antes? ¿O se la llevó el tiempo? ¿Si tan solo se fue o encontró su destino?

2 comentarios:

  1. Sólo el tiempo es capaz de dar respuesta a los entresijos de la vida.
    un beso

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  2. La vida por distintas razones, nos sume en el sueño de la desilusión y la apatía, a consecuencia de ello, el polvo y las telarañas van apoderándose de nosotros. Lo que era esplendor se va apagando y lo que era una gama inmensa de colores, se va viendo apoderado de tonos grises que no nos permiten ver más allá de lo que nos rodea.

    De pronto algo llega y nos muestra como los momentos de espera, a la larga se ven recompensados. Somos esa rosa que se mantiene expuesta para ser recogida por unas manos expertas, porque no todo el mundo es capaz de hacerse cargo de la belleza, ya que ésta, se apaga en las manos equivocadas.

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