
Pasaron días en los que yo dibujaba en la arena, colocaba las piedrecitas a mi antojo, me divertía. Una mañana me levanté y desayunando me di cuenta que había algo escrito en la arena del jardín, dos palabras -estoy aquí-.
Me asusté, yo no lo había escrito y nadie entró en mi casa, pensé y pensé, lo borré y no le di importancia, lo olvidé, hasta la mañana siguiente, cuando descubrí otras palabras -viviré contigo-. Directamente tiré el jardín zen a la basura.
La tercera mañana en mi salón había arena en el suelo, y unas palabras -vivirás conmigo aunque no quieras-.
Ha pasado ya un mes, con un mensaje diario en el suelo, el último dice –morirás mañana-