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martes, 13 de diciembre de 2011

Soy tiempo.

















Soy un extraño invisible siempre en movimiento,


antiguo, presente y ausente, previsible.


Soy los recuerdos y tus íntimos deseos,


lo que llega y está, lo pasado y lo escrito.


Miro atrás y con nitidez me veo, y también me olvido,


miro adelante y claramente me llego, en tu espera.


Nunca he parado en ningún sitio, siempre camino,


no tengo hogar, no tengo formas, ni corazón… ni alma.


Se escribe la historia en mis huesos,


se predice el futuro en todos mis sueños,


soy sencillo y relativo, básico y humano,


el que te duerme y te despierta, el que te mata.

Solo soy el que manda, el que marca el ritmo,


para que bailes, para que disfrutes, para que vivas,


el ritmo de tu casa dando vueltas en el espacio,


el ritmo de las células habitando tu cuerpo.

martes, 5 de octubre de 2010

720 segundos.

Nunca se me dieron bien las matemáticas, aunque por otro lado –cosa curiosa- siempre me han gustado. He estado echando cuentas, varias cuentas y he llegado a la conclusión de que necesito que me des setecientos veinte segundos, que me los des juntos, claro. Son exactamente los que necesito, uno a uno, ni setecientos ni ochocientos ni seiscientos, necesito setecientos veinte segundos.



He calculado los segundos que necesito para mirarte, para besar tu boca, los segundos que necesito para acariciarte, para besar tus labios –y no me estoy repitiendo-los segundos que necesito para ser uno, para arrancarte un orgasmo, son exactamente setecientos veinte segundos.

Si tú quieres echa la cuenta, calcúlalo en minutos,¡aunque cuidado! que si echas la cuenta puede que en realidad lo que quieras, sea darme setecientos veinte segundos.

viernes, 5 de marzo de 2010

UN CUENTO DE 106 PALABRAS.

El sonido del tiempo.
Ese tic tac que escuchamos hace un rato, implacable, odioso, recordándonos lo imparable del tiempo y la caducidad de la vida. El único sonido que nos hace más viejos, el sonido de la historia del mundo pasando ante nosotros.
-¡Javier! ¿Dónde está el despertador?
-Lo he tirado al mar, nunca más quiero escuchar un reloj.
-¡Estás loco! –gritó Elena desde el camarote- Bueno da igual, ya compraré uno cuando atraquemos en el puerto.
-Nunca bajaremos a tierra –pensé distraído-. Navegaremos de un océano a otro, extraviados de las cuentas del tiempo. Ni siquiera miraré el cielo y las estrellas para evitar el giro de la tierra.