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martes, 4 de enero de 2011

Pequeña historia en cien palabras.

“Una semilla en esta tierra desolada será el comienzo de nuestra vida juntos, donde ahora no ves nada habrá un vergel, donde ahora sientes el vacío infinito, tendrás la pasión de alguien que te ama, en tu cajón de las ilusiones volverán los sueños y en tus palabras encontrarás el eco de mis sentidos”.


Esas fueron sus últimas palabras amables, después de aquellas solo tuve la soledad del más vasto desierto, la desilusión y la falta de respeto de quien no te ama, solo tuve el silencio de mis palabras para no encontrar por ellas el sonido de una nueva paliza.

(Con la esperanza de que este año que comienza sea mejor que el pasado.)

domingo, 28 de noviembre de 2010

El libro de Julieta.




No es un cuento, es una historia real que descubrí después de largos años de peligrosas investigaciones, y que tras concluir quiero mostrar a la luz.
La historia comienza en una bella ciudad francesa a finales del siglo XVIII, en una casa de bellos jardines donde vivía una pareja con buena posición económica. Para el doceavo cumpleaños de su hija Julieta, encargaron a un famoso artesano encuadernador la confección de un libro en blanco, para regalárselo a la niña y que fuese escribiendo un diario.
Julieta recibió entusiasmada el regalo, el libro junto a una bonita pluma y tinta de buena calidad. Pronto decidió que no sería un diario, pues al tener menos de cien páginas lo terminaría en pocos meses, decidió que escribiría las cosas buenas que le ocurrieran o sintiese en su vida.
Al conocer a la que sería su mejor amiga y estar segura de que lo sería, lo escribió en las dos primeras páginas durante una tarde sentada en los jardines, al terminar metió una flor de Amapola entre esas dos primeras hojas de papel antiguo escritas. Un tiempo después, en las dos siguientes escribió su felicidad al nacer un hermanito y en esas hojas guardó un Lirio del jardín.
El día que un chico le produjo mariposas revoloteando en el estómago lo escribió en su libro, acompañando esas letras de unas pequeñas flores de Violetas. Su primer beso con ese mismo chico fue acompañado de una rosa y la primera vez que hizo el amor colocó en esas páginas una pequeña y bella Orquídea.
Así, su vida, lo mejor de su vida, los momentos alegres y los sentimientos más bellos fueron contados en esas páginas acompañados de flores, entre cada dos páginas una flor distinta, hasta completar el libro cuando tuvo su primer y único nieto. Sus herederos conservaron el libro cerrado como ella lo dejó, envuelto y presionado en una bonita piel, hasta que pasadas dos generaciones, el volumen fue a parar a manos de la iglesia, que en su interior descubrió un secreto y lo guarda desde entonces como un tesoro en la biblioteca del Museo Vaticano.
Cuentan susurros autorizados, que cuando el libro es abierto por la primera página la estancia del museo se llena de un intenso olor a Amapolas, tan puro y tan nítido que todos los que están alrededor pueden apreciarlo. La fragancia que se desprende tiene además un efecto extraño, pues es capaz de transmitir al cerebro de los presentes, las letras y los sentimientos impresos en esas páginas sin siquiera estar leyéndolo. Al pasar una página de nuevo aparece un nuevo olor, el de los Lirios que se suma al anterior, y lo inunda todo en una mezcla perfecta de aromas, produciendo el mismo efecto, la lectura involuntaria y cerebral de lo allí escrito.
Al continuar con la exploración del libro, cada aroma de cada flor se va sumando en el ambiente, creando en las personas de alrededor un bienestar y una calma inquietantes, transmitiéndoles una tranquilidad y una paz desconocida por la mente humana.
Cuentan que solo dos personas consiguieron terminar de abrir por completo el libro de Julieta, y que ambas murieron en la última página con una expresión de felicidad en su cara. El resto de personas que lo han hojeado no han tenido la necesidad de verlo al completo, a mitad del libro lo cerraron satisfechos, sin ninguna curiosidad personal ni científica. Espero que algún día muestren al mundo el libro de Julieta, un tesoro secreto escondido en lo más recóndito de la Biblioteca del Vaticano.

domingo, 24 de octubre de 2010

Un cuento inventado.

Voy a inventar una historia mirando tus ojos
a contarte un cuento con la pausa de mis besos,
imaginar un cielo mientras subimos al nuestro,
acariciarte con mis palabras,
susurrarte al oído, erase una vez un tiempo.

Pero abre tus piernas bicho
deja que te vaya contando,
escúchame, dame tus ojos,
apriétame fuerte, mira, te cuento.

Era un bosque frondoso, oscuro
era un duende, pequeño, goloso,
ella una princesa, de las hadas,
pero cierra tus piernas, siénteme dentro.

¿Iba por el bosque?, es que me pierdo.
Un demonio se llevó a la princesa
y el duende, ligero tras ellos
para salvar a su amada, su hada.









¿Me escuchas amor? Presta atención
Que te pierdes en los gemidos
¿Acelero? ¿Paro? ¿Te cuento?
Es un gran bosque, con un demonio dentro
y tras él un duende de paso ligero
para salvar a su amada, su hada.



Entre los árboles se encuentran
Entre tus pechos amor, te beso
Duende y demonio luchando
Mira, mira, escucha el final del cuento.

El hada detiene la lucha,
contra su voluntad no se la llevaron
explica al pequeño duende
que del lindo demonio, se ha enamorado.

viernes, 8 de octubre de 2010

Dormida.

Como los ángeles al caer el sol, esa es la imagen que tengo de ti, dormida y soñando feliz. Ese mismo día te fuiste para no volver, me dejaste solo el recuerdo de tus ojos cerrados, de tu olor sobre la almohada. Me engañaste y no me dijiste ni adiós, ni hasta pronto, ni siquiera un te quiero, solo me dejaste tu ausencia, tu interminable ausencia que no acaba nunca.
¿Nunca has pensado que yo merecía algo más? Me hubiese gustado morir por ti, morir yo en tu lugar, seguro que al destino no le habría importado el cambio.



domingo, 12 de septiembre de 2010

Secretos de familia.


-Padre, ¿me enseñará algún día como se hacen las vasijas?
-Hijo, pídeselo al abuelo, tiene más tiempo que yo.


-Abuelo, ¿me enseñará usted algún día como se hacen esos jarrones tan bonitos?
-Claro mi niña, te mostraré los secretos que me enseñó mi abuelo.


-Abuela, quiero aprender a modelar el barro como tú lo haces, ¿me enseñarás?
-¡Por supuesto cariño! Si eres bueno te mostraré secretos que solo conoce nuestra familia.

-¡Abu! Yo quiero hacer esas esculturas que tú haces.
-Esperaba que me lo pidieras, tengo muchas cosas que contarte, cientos de años guardados entre la arcilla.

miércoles, 2 de junio de 2010

Cena para tres.



La cena se enfriaba en la mesa y los tres comensales miraban desganados la flor del centro, los tres con la mirada perdida, ausente del mundo. Pablo esperaba que su mujer y su mejor amigo, comenzaran a degustar las delicias que había preparado para la ocasión. Durante el vino anterior habían estado muy habladores ambos y ahora callaban, quizá no les gustaba la presentación de los platos, quizá callaban porque se sentían culpables, por el remordimiento de tener una aventura durante un año sin habérselo comentado. Quizá se lo iban a comentar hoy.
No debería haber puesto veneno en el vino, mejor hubiera sido en el café.

viernes, 21 de mayo de 2010

Una sencilla foto de premio.


Paseando por el mundo virtual que es la red, tropecé con esta imagen, y claro, al primer vistazo captó mi atención, la miré y la miré, despertó mi total admiración y la tuve que coger, no sé de quién es, no sé quién la hizo, pero es una foto de cuento, de mil cuentos, se podrian inventar tantas historias con esta fotografía. Cada uno de nosotros podría imaginar un cuento distinto inspirado en la escena, y eso al menos para mi es algo especial, es una foto de premio.
Quiero dar las gracias a su autor/a y espero que no le importe que la muestre en este espacio.

lunes, 17 de mayo de 2010

Una sonrisa sincera.




Nunca supo quién la besó, fue inesperado y espontáneo, como un soplo de aire, como un sorbito dulce, como una estrella fugaz en el oscuro cielo. Tan solo escuchó el ritmo de unos labios dulces acariciando los suyos con la magia del tiempo detenido, el instante, la eternidad. Nunca pudo olvidar ese beso y han pasado ya cien años desde la noche anterior, la noche que no quería asistir a la fiesta de sus amigas, no quería ir porque no se divertía en ellas, se sentía mejor a solas, con sus sueños y sus ilusiones, con sus libros y su música.
Eran risas y otra música lo que percibía a su alrededor, diversión, amigos y desconocidos bailando y pasándolo bien. De su boca salía entonces una forzada sonrisa para ser como los demás, para estar dentro sintiéndose fuera, sus labios alegres estaban en la fiesta, su mente cabalgaba entre cielos de luz, entre mares de amores, entre sueños despiertos.
El sueño la volvió a la fiesta, unas palabras amables descabalgaron su mente y sus labios alegres sonrieron esta vez sinceros. La invitaban a una copa que ella no pudo rechazar -¿Cómo rechazar volver a escuchar la voz que acababa de traerla a una fiesta en la que no se divertía?-. Se marchó, casi podía verlo marchar para no volver, casi podía verlo regresar sin apenas haberse ido, regresó con dos copas y una botella que delicadamente puso sobre la mesa.
-¿Qué traes? ¿Qué vamos a tomar?
-Vino, déjame invitarte a una copa de vino.
-Nunca lo he probado, solo acostumbro a beber refrescos, nunca tomo alcohol.
-Sí, hoy sí, hoy necesitas cambiar tu sonrisa forzada por una sonrisa sincera, tus labios desean sentir el cosquilleo de un beso y si el vino no te gusta yo mismo te haré sentir esa sensación con mis labios.
-Quizá te engañe entonces, puedo mentirte entonces para conseguir un beso.
-No lo harás, tu sonrisa ahora es sincera.
La copa en su mano fue golpeada por otra copa, tomó un pequeño sorbo y se sorprendió así misma apreciando un nuevo sabor, intentando adivinar e identificar los pequeños matices que estimulaban sus sentidos.
Cambió la música y sus manos se vieron apretadas con fuerza, la invitaban a levantarse, la arrastraban sin siquiera saber dónde iba.
-No sé bailar.
-Sí, hoy sí sabes bailar –dijo él-. Solo bailando puedo conseguir robarte un beso. No sería justo que te lo pidiera sin conocernos, y creo que al compás de esta música puedo robártelo.
Tan solo unos pasos adelante y sintió unos brazos rodear su cuerpo, nunca había sentido nada parecido, su cuerpo unido a otro cuerpo y bailando al compás de una música que ahora le encantaba. Flotaba, soñaba con los ojos abiertos, imaginaba con los ojos cerrados, sus dedos habían leído cientos de historias semejantes, historias que para ella eran solo ficción, historias románticas a la luz de la luna, o con velas, en la playa, en un bonito salón, danzando.
-¿Cómo te llamas? –preguntó.
-¿Qué importa? Prefiero no decírtelo y tampoco quiero saber cómo te llamas tú.
Le notó acercarse más, pero no esperaba esa caricia, la de unos labios en los suyos, una caricia tímida en el primer momento, una caricia larga y pasional con el solo paso de unos segundos, un solo beso, un roce de labios con el tiempo detenido en una canción, en una danza de dos al mismo son.
En unos minutos recorrió el mundo volando, flotando en las nubes, en un globo, corriendo descalza, nadando desnuda, la música en sus brazos siguiendo unos pasos, la música transportándola en sueños. Nunca antes había tenido sentimientos parecidos, nunca antes se había visto la cara con semejante torbellino de sensaciones.
No escuchó terminar la pieza que bailaban, desapareció la música fundiéndose en otra, desapareció la magia del bello instante. Soltaron sus manos y casi le vio marcharse, sin decirle su nombre, ni siquiera pudo ver quién era, solo escucharle, solo su beso, solo sentir sus labios guardados ya para siempre en ese rincón de la memoria donde guardamos lo inolvidable.
Volvió para sentarse, para pensar lo ocurrido, volvió a probar el vino para asegurarse la realidad, para ver que no era un sueño. Repitió en su cabeza la canción y se sintió bailando de nuevo, oliendo su cercanía, moviéndose lento al compás, seguía soñando como siempre había hecho. Solo el vino y la música en su memoria le decían que era real, que la habían besado, que había bailado con él.
Pasaron cien años hasta el día siguiente, el sol que ayer se fue anónimo hoy regresó conocido, con la cara del mejor amigo, con el semblante iluminado e iluminando. Su luz la despertó, volvió del sueño bailando en sus brazos, besando sus labios, despertó donde acabó la noche anterior, danzándole a la vida.
Podría llamar ahora a sus amigas y preguntarles quién la invitó a una copa de vino la pasada noche, quién bailó con ella, quién la besó, quién le habló. No le pudo ver, nunca en su vida pudo ver a nadie, nunca vio un rostro, ni un color, ni una mirada, desde que vino al mundo solo podía ver en sus sueños, dormidos y despiertos.
No llamó a sus amigas, no necesitaba saber quién fue, volvería a sentir esos labios en los suyos, estaba segura de ello y la sonrisa que ahora se dibujaba en su cara era sincera.

viernes, 26 de marzo de 2010

El jardín zen.

Vivía sola y un día un amigo vino a tomar café, me trajo un regalo sin venir a cuento, son bonitos los regalos así, era un jardín zen en miniatura, de esos con arena y piedrecitas, me hizo prometer que lo cuidaría.
Pasaron días en los que yo dibujaba en la arena, colocaba las piedrecitas a mi antojo, me divertía. Una mañana me levanté y desayunando me di cuenta que había algo escrito en la arena del jardín, dos palabras -estoy aquí-.
Me asusté, yo no lo había escrito y nadie entró en mi casa, pensé y pensé, lo borré y no le di importancia, lo olvidé, hasta la mañana siguiente, cuando descubrí otras palabras -viviré contigo-. Directamente tiré el jardín zen a la basura.

La tercera mañana en mi salón había arena en el suelo, y unas palabras -vivirás conmigo aunque no quieras-.
Ha pasado ya un mes, con un mensaje diario en el suelo, el último dice –morirás mañana-

viernes, 5 de marzo de 2010

UN CUENTO DE 106 PALABRAS.

El sonido del tiempo.
Ese tic tac que escuchamos hace un rato, implacable, odioso, recordándonos lo imparable del tiempo y la caducidad de la vida. El único sonido que nos hace más viejos, el sonido de la historia del mundo pasando ante nosotros.
-¡Javier! ¿Dónde está el despertador?
-Lo he tirado al mar, nunca más quiero escuchar un reloj.
-¡Estás loco! –gritó Elena desde el camarote- Bueno da igual, ya compraré uno cuando atraquemos en el puerto.
-Nunca bajaremos a tierra –pensé distraído-. Navegaremos de un océano a otro, extraviados de las cuentas del tiempo. Ni siquiera miraré el cielo y las estrellas para evitar el giro de la tierra.

lunes, 8 de febrero de 2010

PRISIONERA EN EL CIELO.


¿Cómo decirte amada, que tengo mi espada envainada?
¿Cómo decirte que la guardo, solo para clavarla en tu alma?
Es de duro acero, forjada con fuego por el mismo demonio,
larga y afilada para atravesar con ella tu infierno.
Abre tus puertas a este caballero,
que viene sediento de combatir el deseo,
abre tus puertas y atrápame dentro,
coge mis manos, quieren tu cuerpo.
Esta noche no seas princesa
hasta que amanezca, sé solo mi esclava,
que no salga el sol si no te sientes amada,
que no haya tregua hasta concluir la batalla.
Besa mi boca y con tus labios, sóplame dentro
coge mi arma, corta en dos tu deseo,
cabalga conmigo hasta cumplir tu sueño,
corre te tengo, prisionera en el cielo.

sábado, 12 de diciembre de 2009

UNA HISTORIA DE PUEBLO.

EL POZO MALDITO. Aquilino Duque.
Todo el pueblo lo sabía, era una de las historias del lugar, no una leyenda urbana, era más bien una leyenda rural que todos creían. En la memoria viva más antigua de la aldea no se recordaba otra cosa que no fuera el miedo al número ocho de la calle Dulcinea, el lugar exacto de una vieja casa, una de las más antiguas de todo el pueblo, construida como se construían entonces, con un amplio portalón que daba acceso a un patio cuadrado y empedrado, adornado con arriates para las plantas en los lados y un pozo de agua fresca en el centro.
El pozo del número ocho de la calle Dulcinea era muy similar al de otras casas del pueblo, con el brocal de piedra y un viejo cubo de latón colgado a la garrucha por una desgastada cuerda que está pidiendo un último esfuerzo para romperse. El empedrado del patio salpicado de malas hierbas aprovechando el abandono de la casa, las paredes del pozo cubiertas de musgo, prosperando en la humedad y la sombra del patio.
Todo el pueblo lo recuerda, allí vivía una buena familia hace muchos años, él un militar de renombre, ella una dama de la capital, y con ellos dos pequeños de tres y cuatro años que hacían las delicias de los vecinos, todo el mundo lo recuerda, era una de las mejores familias del pueblo hasta que una noche el pozo se los llevó, una noche de invierno de hace casi cien años el pozo atrajo a su brocal a toda la familia y los arrancó de este mundo para llevarlos a las entrañas de mal, al mismísimo infierno que era el fondo de este agujero de piedra, así lo cuentan, así ocurrió.
Pero las buenas gentes del pueblo no supieron todo esto hasta años más tarde, cuando en ese mismo patio desaparecieron una pareja de enamorados, dos novios que tenían que verse siempre a escondidas porque sus familias no aceptaban su relación, dos novios que una tarde al caer la noche se encontraron en el patio del número ocho de la calle Dulcinea y nunca más se supo de ellos. Los buscaron por todos sitios, más tiempo aún de lo que buscaron a la familia de Don Francisco, el militar, buscaron por toda la casa, por todas las casas, en el campo, incluso con ganchos dentro del pozo, pero nunca aparecieron, todos sabían ya que ese pozo estaba maldito, que emitía un extraño hechizo que hacia arrojarse dentro a quien allí se asomaba. Todos sabían que aquellos que caían en el pozo de la vieja casa nunca volvían a salir, desaparecían tragados por las entrañas del mal y de la tierra.
Cuentan los jóvenes del pueblo que a veces ellos se acercan a desafiar al miedo, en plena noche, siempre en grupos numerosos de chicos y chicas con la edad justa de bromear y de experimentar, con la edad de la conquista y de la irresponsabilidad. Cuentan que estando allí pueden escuchar lamentos que provienen del interior del pozo, que incluso entre las sombras de la casa han visto a veces moverse las figuras de dos niños pequeños, asegurando que nunca llegaron a atreverse a asomar la cabeza hacia el interior del brocal. Una cosa es estar allí viendo el pozo a la luz de la luna, escuchando el ruido del fondo o del cubo al moverse con la brisa, pero otra muy distinta era asomarse dentro, eso era una temeridad.
-¿A dónde vamos? –preguntó Elena a su novio mientras caminaban por la calle.
-Vamos a entrar a la casa del pozo –respondió él con una sonrisa.
-No cielo, me da miedo, esta anocheciendo.
-Si vamos anda, no tengas miedo –volvió a decir su novio–, no nos acercaremos al pozo y estaremos solos.
La llevó de la mano hasta llegar a la entrada de la vieja casa, la besó en los labios y abrió el portalón de entrada que hizo un ruido de mansión encantada. Entraron despacio mirando a todos lados, aún era de día, todo estaba en silencio y observaron con miedo el cilindro de piedra que formaba el pozo en el centro del patio.
-Tengo miedo cielo –dijo Elena con voz apagada.
-No pasa nada, todo lo que cuentan son leyendas –la tranquilizó su novio–, ven vamos a sentarnos en aquel banco.
-Dame la mano, me da mucho miedo estar aquí.
David agarró a su novia de la mano y se acercaron a sentarse en el viejo banco de madera que persistía en pie al paso del tiempo y la humedad. Se sentó él sobre la madera y ella sobre las piernas de él, abrazada a su novio y mirando a todos lados inquieta. David acariciaba su espalda para que se tranquilizara y lentamente comenzó a besarla, ambos comenzaron a besarse, dejándose llevar por el amor, ambos no se dieron cuenta de una sombra que se acercaba a ellos, sin hacer ruido, desde la parte más oscura de la vieja casa, dirigiéndose hacia ellos entre las columnas que sujetaban la segunda planta de la casa.
-¿Qué hacéis aquí? ¿Quién sois vosotros?
Los enamorados dieron un salto aterrorizados, dejando escapar ella un grito a pleno pulmón, él soltando una exclamación ininteligible de miedo, mirando sorprendidos al extraño que les acababa de hablar y que no escucharon llegar.
-¿Quién eres tú? –preguntó David envalentonándose y con miedo.
-Yo pregunté primero. No quería asustaros –dijo el extraño hombre que surgió de la nada.
-Somos del pueblo, estábamos dando una vuelta por aquí –respondió David sin saber muy bien que contestar– ¿Quién eres tú?
-Me llamo Francisco, soy el propietario de esta casa, he llegado esta tarde al pueblo.
-Pero si esta casa no tiene ningún dueño, la familia que vivía aquí se la tragó el pozo –dijo Elena con voz aún asustada.
-¿Que se la tragó el pozo? –Preguntó el extraño riéndose- ¿Cuando fue eso?, ¿Cómo ocurrió?
-Fue hace cien años o más, dicen que vivía aquí una familia y que una noche desaparecieron y no se volvió a saber más de ellos. Todos dicen que se los tragó el pozo –intentó explicar David-. Después unos novios también desaparecieron. El pozo esta maldito, en el pueblo algunos lo llaman el pozo del infierno.
-Así que el pozo del infierno –dijo Francisco pensando y con una media sonrisa.
-Sí, dicen que hay noches que puede atraer a las personas y tragárselas para siempre.
-¿Y no tenéis miedo entonces de venir aquí? –pregunto el dueño de la casa.
-Sí, pero a este le parecía emocionante –respondió Elena señalando a su novio con un gesto de la cara y un poco más tranquila.
-Os voy a contar algo, un secreto, pero tenéis que prometerme que nunca lo contareis a nadie –dijo en voz baja Francisco.
David y Elena se miraron extrañados por lo que ese hombre les decía, pero sonrieron como pensando que podía ser divertido escuchar y prometieron no contar a nadie lo que Francisco le revelara, por supuesto sin ningún pensamiento de cumplir la promesa.
-Bien. ¿Por dónde empezar? –se preguntó asimismo Francisco apoyándose en el brocal del pozo –Yo vivía en esta casa con mis padres y mi hermana, hace menos de cien años desde luego, en realidad fue hace unos cincuenta años, mi padre era militar y dicen que aquí en el pueblo era muy querido, aunque nunca volvimos.
-Pero todo el mundo pensó que se los tragó el pozo –dijo Elena.
-Pues como puedes ver no es así, este no es el pozo del infierno, eso solo son leyendas de pueblo, historias que las madres cuentan a sus niños para que se porten bien. En realidad –añadió Francisco– este pozo que tanto miedo os produce es un pozo de los deseos. Mi madre tenía a mi abuela enferma en la capital y deseando que se recuperara lanzó una moneda al pozo pidiendo ese deseo. En pocos días llegó una carta que anunciaba la mejoría de mi abuela y mi padre pidió otro destino que permitiera a mi madre cuidar mejor de la suya. Así que una tarde de invierno, me contó mi padre, cogimos nuestras cosas más queridas y nos marchamos a vivir a otro lugar. Solo eso, quizá nadie nos vio partir.
-¿Pero y los novios que desaparecieron? –preguntó David intrigado.
-Pues no sabría decirte –respondió divertido–. Quizá pidieron también un deseo al pozo y este se lo concedió, quizá se marcharon también para estar juntos y sin que nadie los viera.
-No me lo creo –dijo Elena– este pozo esta endemoniado, todo el pueblo lo sabe. ¿Por qué tendríamos que creerle? ¿Cómo sabemos que dice la verdad?
-Lanza una moneda dentro y pide tu mayor deseo.

viernes, 6 de noviembre de 2009

LA HORMIGA Y LOS PÁJAROS. (El final del cuento).

El final del cuento es este, simple, natural, previsible, el final del cuento es un pájaro con deficiencias auditivas. (Si tiene moraleja piensalá tú).

martes, 3 de noviembre de 2009

LA HORMIGA Y LOS PÁJAROS. ( El cuento).

El pájaro voló a la ramita donde se hallaba una jugosa hormiga de alas, se abalanzaba sobre ella…
-Chsssst ¿Dónde vas? –dijo de pronto la hormiga.
-Iba a zamparte –contestó el Carbonero común, que así se llamaba.
-Para, para. No tan rápido bonito. Espera que te haga una pregunta –respondió hábil la hormiga- . ¿Te gustan los cuentos?
El Carbonero quedó perplejo, pensando en la pregunta, pensando si le gustaban los cuentos.
-Sí, sí me gustan, recuerdo que mi mamá me los contaba en el nido por la noche.
- Pues debes saber que si me comes no habrá cuento, pero si me dejas vivir, algún día tú y yo formaremos parte de algún cuento, alguna historia que una mamá o papá contará a sus pequeños –explicó la hormiga alada.
-¿Y eso porque, porque será así? –volvió a preguntar el pájaro.
-Porque lo normal es que tú me comas y fin de la historia, pero si ahora me dejas vivir será algo bonito y sobrenatural, una de esas cosas que se relatan en los cuentos.
-Tienes razón –silbó el carbonero-, visto así creo que te dejo vivir para que los dos formemos parte de un cuento.
El pájaro se marchó entonces buscando otra cosa a la que hincarle el pico, se marchó contento y pensativo. La hormiga aún temblaba, se había librado por un pelo, sin embargo tendría que esconderse un poco porque otro pájaro podía venir a comérsela.
Las brillantes alas de la hormiga atrajeron poco después la atención de otro pájaro, un mosquitero común que se acercó curioso a ver si podía capturarla.
-Bueno, bueno, ya está bien de acoso –dijo la hormiga cuando se acercó el segundo pájaro.
-¿Qué?
-Que ya está bien, que no puede uno salir a tomar el sol sin que se lo quieran comer.
-Pero yo me alimento de insectos, hormigas, moscas… -dijo el pájaro sin entender muy bien porque hablaba con una hormiga.
-Pues que sepas que me puedes comer, pero me dirigía a fundar un nuevo hormiguero, donde se criaran muchas hormigas. Si hoy me dejas vivir, mañana tus hijos y tus nietos tendrán muchas hormiguitas que comer, aunque sean mis hijos y mis nietos –argumentó la hormiga.
-Llevas razón –dijo el pájaro pensando en ello-. Vale te dejaré vivir para que fundes tu nuevo hormiguero, buscaré alguna otra hormiga que no sea tan importante.
El pájaro se marchó y la hormiga volvió a respirar profundo, se había librado por segunda vez en pocos minutos de una muerte segura. Hoy sin duda era su día de suerte, debería buscar una pareja y fundar de verdad su propio hormiguero.
O mejor decidió seguir tomando el sol y dándole brillo y calor a sus bonitas alas.

¿CONTINUARÁ?........

lunes, 2 de noviembre de 2009

LA HORMIGA Y LOS PÁJAROS. (Las fotos).




Ayer tuve la oportunidad de presenciar esta escena, dos pájaros intentaban capturar una hormiga con alas, ninguno de ellos lo consiguió y la hormiga escapa. ¿Acaso la hormiga les dijo algo a los pájaros y la dejaron vivir? ¿Es un cuento? ¿Es una historia para un cuento? Si alguien piensa que lo es, lo puedo escribir.