Hay días que ni lo pienso, ni existo, ni vivo, ni recuerdo,
hay momentos que llegan, que llegarán, que vienen apretados,
hay veces que los días y los momentos se me escapan contigo,
se escapan de las manos, de los dedos, de tus labios besados.
Hay momentos oscuros de luz primitiva tras de ti, tras de mí,
días de juegos y sábanas blancas de pureza escrita en la piel con sudor,
con las ilusiones que no se tienen y que no importa su ausencia.
Basta con los momentos que llegan cuando estás o te imagino,
basta con tus palabras lejanas o tu olor cercano, con tu presencia,
con la sonrisa inentendible por los demás, por lo visto, por lo escuchado,
con la mirada cómplice del tiempo detenido en la visión de hallarnos.
Y sigue habiendo días que ni lo pienso, ni llegan, ni vivo, ni muero,
momentos que pasan rápido, días largos que duran lo que un orgasmo,
y momentos de luz oscura que me llena los sentidos, con deseo contenido,
ese que explota por momentos en todas las ilusiones que me cumples,
en todas las afiladas sensaciones que me clavas en el pecho, en las manos al tocarte,
y ahora espero por verte agitada, solo por escucharte, por verte moverte, por mí…
y ahora espero por ti.
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Hace 6 horas


